ETIMOLOGÍA EN LOS ABISMOS III- HOMBRE
“Hombre”
El hombre es el animal de los subterfugios. Tanto es así que no existe animal en la tierra que para seguir sus instintos más primarios aprenda a hablar para justificarlos.
El hombre se adora tanto a sí mismo que crea cosas para que le sobrevivan y no le importa destruir a otros hombres en el intento.
En el mundo existen dos hombres el que piensa y el que se piensa a si mismo. El primero sólo cree en sí mismo, suele triunfar y el futuro es para el una meta y no un final . El segundo es pesimista y frustrado. Todo triunfo termina siendo una victoria fútil ante el último Destino. Sus pasos nunca le llevan a donde el quiere y el mundo que conoce es un caos ante su orden mental. Aunque estos dos hombres consiguieran lo mismo y sus inteligencias fueran esencialmente idénticas siempre existiría una diferencia entre ellos... el espíritu de sus rostros. ¿Quién somos ahora?
El hombre nace como animal por su egoísmo proverbial. Sin esta cualidad no podría haber surgido lo que denominamos inteligencia ese tomar conciencia de uno mismo y por tanto del “ego” propio. El equilibrio de esa tendencia al sumo egoísmo hace nacer la sociedad y por ende la civilización. Sin embargo es la vuelta al individualismo y la desconfianza primitivas lo que destruye esa civilización y lo que lleva a la barbarie. El hombre lleva por tanto en su propia esencia el germen de su destrucción como “ser civilizado”.
Cuando alguien habla de hombre como un fenómeno genérico sólo suele referirse a aquellas ideas , hechos o cosas por la cuales nos enorgullecemos o palidecemos por serlo, es decir de aquellas cosas que normalmente solo conocemos porque no las han enseñado o hemos heredado de esos grandes o terribles hombres a los cuales o se ignora, o se abomina y se adora mientras viven. El hombre con mayúsculas es sólo el eco que queda de los hechos de un puñado de hombres superiores y que sólo se escucha cuando deja de sonar el chasquido de su látigo.

